domingo, 12 de agosto de 2012

Una mañana de domingo.


-          Prométemelo.

Manuel se quedó atónito, sin palabras. Sara le había pedido hacer muchas locuras en sus cuarenta y cinco años de matrimonio, pero esto iba mucho más allá de un capricho o una promesa fácil de cumplir. Puso la cuchara de vuelta en el plato de sopa e increpó:

-          Pero, ¿cómo? Claro que así lo quiero pero no tengo idea de cómo encontrarte.

Sara supo que su esposo estaba realmente angustiado por complacerla, las manos le temblaban y en sus ojos se podía ver el deseo profundo de que todo fuera una broma de mal gusto, tan sólo un intento por crear conversación durante la comida. Ella insistió:

-          Eso no importa, con el simple hecho de prometerlo y tener la voluntad de hacerlo, llegado el momento cualquiera de los dos lo logrará.

El hombre que se había enamorado irremediablemente hacía casi cinco décadas, miró fijamente a los ojos ansiosos de su cómplice de vida y con una sonrisa exclamó:

-          Tienes razón, te lo prometo.

Sara suspiró y una vez más supo que el amor de su vida sería para siempre. Sabía que sin importar que ella o él rebasaran las fronteras del mundo terrenal, sin importar que sus cuerpos desaparecieran y todo lo material que los representara fuera borrado por el implacable tiempo, estarían juntos por toda la eternidad. Sara le había hecho prometer a Manuel que vendría por ella después de la muerte, y ella recién le había prometido hacer exactamente lo mismo.

¿Cuánto vale una promesa? ¿Una vida? ¿Un instante? ¿Una nueva oportunidad? ¿Tiene fecha de caducidad? ¿Existen promesas que uno hace esperando no tener que cumplir? Tal vez uno nunca conoce el valor de una hasta que la cumple o la ve cumplida. Sara estaba plenamente convencida de que su petición era absolutamente racional y justificada. Era un hecho que no podía vivir si Manuel no la acompañaba, y sabía que él tampoco soportaría un mundo sin ella.

Tenían tres hijos, hombres, con dos años de diferencia entre uno y otro. Luis, el mayor, recientemente había terminado sus estudios de posgrado en Madrid y había regresado a vivir temporalmente con sus padres. Alfonso (bautizado así en honor del padre de Manuel) era un sobresaliente estudiante de Medicina. Finalmente, Jorge se encontraba en la famosa encrucijada existencial, recién había terminado la preparatoria y estaba tratando de encontrar respuesta a la insoportable pregunta de ¿qué hago con mi vida? Era un buen hijo y hermano, y presumía cada vez que podía el amor tan grande que sus padres se profesaban.

Todos ellos formaban parte de la envidiada familia Ortiz, más no por sus riquezas o propiedades, sino por la calidez de su carácter y los lazos tan estrechos que existían entre ellos. A su alrededor había divorcios, hijos que odiaban a sus padres y/o viceversa, y familias disfuncionales al borde del colapso o ya inmersas en la etapa de la lamida de heridas.

Los Ortiz eran únicos, pero no perfectos. Evidentemente tenían desencuentros y rencillas leves de vez en vez, pero las raíces de su hogar eran tan profundas que la cosa nunca pasaba a mayores. Desde que se casaron, Sara y Manuel de algún modo supieron que era para siempre, que por más fuerte que fuera la tormenta ellos se mantendrían en pie, que aunque sintieran ahogarse en desesperación ante la adversidad siempre esperarían juntos a que saliera el sol.

Cuando llegó Luis se dio cierto distanciamiento entre ellos, y tal vez ninguno de los dos imaginó siquiera la magnitud de la empresa de convertirse en padres. Manuel sufrió arranques de celos hacia su primogénito, y Sara se desvivió por hacerle entender que su amor de madre, aunque inmenso, nunca se compararía con el que sentía por él. De hecho hubo una ocasión en la que dejaron al pequeño con una de sus abuelas para poder hablar del tema, y terminaron haciendo el amor sobre la mesa de la cocina, evento del cual se desprendió la llegada de Alfonso, cuyo nombre, según lo señaló siempre Manuel, había sido decidido justo en aquella tarde en la que, en pleno acto, no pudo evitar mirar de reojo una foto enmarcada de sus padres colgando de la pared del pasillo.

Una vez que Alfonso llegó al mundo los celos de Manuel desaparecieron. Pareciera como si se hubieran formado dos equipos en la familia, más sin poner en entredicho su estabilidad. Sara y Manuel ahora tenían mucho menos tiempo para ellos, pero desarrollaron técnicas, horarios y planes alternativos para encontrar un remanso de paz y tranquilidad entre la vorágine que sus vástagos causaban. Ya desde entonces Sara tenía ideas poco convencionales, y un día despertó con una que, a pesar de parecer absurda, a Manuel le pareció magnífica:

-          Los dos sabemos que Luis es mío y Alfonso es tuyo. Ahora quiero uno que sea de los dos.

Sin decir palabra, Manuel la besó como hacía mucho tiempo no lo hacía. Sara se sintió como una adolescente, y un estremecedor escalofrío recorrió todo su cuerpo. Los niños aún dormían y la ocasión era la idónea para que los dos amantes se dispusieran a crear una tercera entrega de su eterna unión. Jamás volvieron a hacer el amor como aquella mañana de domingo.

Así los Ortiz fueron finalmente cinco, y con el paso de los años se enfrentarían a pruebas de vida en las que no hay calificaciones, desafíos del destino que para casi todos son inevitables. Pero no eran como cualquier familia, no eran sus vecinos divorciados, o su sobrina madre soltera, o su tía casada por tercera ocasión. No, los Ortiz iban más allá de cualquier estándar social y familiar, o tal vez eran el epítome de esas mismas cosas, y precisamente esas condiciones fueron sus mejores armas para librar la batalla, la más importante de sus vidas.

Después de casi medio siglo de vida compartida y tres hijos, la vejez comenzaba a hacer estragos en sus cuerpos. El eterno y silencioso enemigo de los últimos tiempos, el cáncer, había hecho presa de Sara y poco a poco apagaba su luz y la debilitaba, mientras el corazón de Manuel latía cada vez con más esfuerzo, bombeando cada gota de esa sangre que con cada célula amaba tanto a su esposa que no se había atrevido a confesarle su condición, sobre todo después de conocer la suya.

Los días en el hospital eran eternos. Sentado a lado de la cama siempre estuvo Manuel, y a pesar de su cansancio, montó guardia hasta que el dolor en su pecho fue tal que a regañadientes tuvo que internarse. Sólo puso una condición: estar en el mismo hospital que su amada. Y así fue, era sólo una pared lo que los separaba durante esos meses. Sara preguntaba por él y sus hijos le decían que estaba descansando en casa pero que se encontraba bien, le pedían que no se preocupara y que se esforzara por recuperarse para poder estar con él y con toda la familia de nuevo.

Por su parte, Manuel, tenía la ventaja de saber que Sara estaba a unos pasos, y sentía terror al pensar que ella pudiera enterarse de que aquel corazón que tanto la amaba y que la había acogido desde hacía tantos años ahora tenía un latido débil y muy pausado que poco a poco lo acercaba al momento de cumplir aquella promesa, esa que deseaba no tener que cumplir jamás.

Y como suele suceder, el cuerpo de Sara ya no soportó los embates de su terrible enfermedad e izó la bandera blanca un viernes por la mañana, mientras sujetaba la mano de Luis y dejaba ir un suspiro a manera de último regalo para esos cuatro hombres que habían sido la luz de su vida. Luis lloró en silencio, y antes de notificar a los demás de lo sucedido, miró el rostro pálido de su madre tratando de memorizar cada una de sus facciones y mantenerlas en su memoria, pensó en lo que debía sentir la gente cuando una figura tan importante en sus vidas dejaba de existir, imaginó en dónde estaría ahora Sara y deseó con todas sus fuerzas poder acompañarla.

Pero en ese momento el primogénito Ortiz tenía una misión que cumplir: dar las malas nuevas al resto de la familia. Reflexionó por unos instantes y decidió que, por su condición tan delicada, no era prudente decírselo a Manuel, ya que eso lo debilitaría aún más. No, eso era inaceptable, más sus hermanos tenían que saber que su querida madre había partido, por lo que los llamó y les pidió que guardaran muy bien el secreto, por lo menos hasta que su padre mostrara signos de recuperación y las aguas se hubiesen calmado. Hicieron un pacto de forma solemne, y estuvieron de acuerdo en que lucharían con todas sus fuerzas para mantener a Manuel con ellos, aunque muy dentro de sí sabían que sin su esposa el sentido de su vida se había perdido para siempre.

Decidieron entonces que Alfonso se quedara en el hospital mientras los otros dos se encargaban de los preparativos del funeral, los cuales se llevaron a cabo de forma relativamente sencilla, ya que con antelación se había adquirido un mausoleo en el cementerio y los servicios funerarios estaban pagados. El procedimiento fue el acostumbrado: Luis entró a reconocer el cuerpo y salió lo más pronto que pudo. Esa imagen es de las que nadie quisiera conservar en su memoria, y tal vez en aquel momento creyó que al sólo darle un vistazo rápido ese tormento rondaría por muy poco tiempo en su mente. Estaba equivocado.

-          ¿Cómo está tu madre?

Alfonso estaba de pie en la habitación, dándole la espalda al lecho en el que yacía su padre enfermo, mordiéndose los labios y apretando los puños para no llorar. No sabía cuánto tiempo más iba a poder soportarlo. Quería partirse en dos y poder estar también con Sara en su último adiós.

-          Hijo, ¿no me escuchas? Te pregunté cómo está mi esposa.

Alfonso respiró profundamente y atinó a responder:

-          Está bien papá, estable. Perdóname, estoy un poco distraído con toda esta situación, y me siento muy cansado.
-          No te preocupes hijo, sé que son momentos difíciles, pero como siempre dice tu madre: "El Sol nunca deja de salir".

Esa frase, lejos de consolarlo, hizo que Alfonso sintiera una tristeza más profunda. Era cierto, el Sol siempre salía, pero ya no lo haría más para su madre, sus ojos ya no verían más amaneceres y su vida se había extinguido apenas hacía unas horas.

Pasaron varios minutos de un asfixiante silencio. Sólo se escuchaba el vaivén de enfermeras y médicos por los pasillos, los pitidos de los monitores, el rechinido de las ruedas de las camillas. Olía a redención, a final, olía a último viaje, a ese viaje sin retorno para el que todos tenemos boleto comprado. Manuel se animó a decir:

-          ¿Por qué no me dices qué pasa hijo? ¿Tu mamá está bien?
-          Sí papá, ella está bien, no te preocupes, los dos deben descansar para que podamos irnos a casa juntos.

En ese momento, en los oídos de Manuel dejaron de escucharse las enfermeras, el rechinido de las camillas y todo lo que antes inundaba la habitación. Aquél hombre de corazón cansado estaba teniendo una revelación, un destello de claridad como nunca se le había presentado.

-          ¿Sabes una cosa, Alfonso? Cuando eras niño siempre pensé que aprenderías a mentir cuando crecieras. Gracias a Dios me equivoqué.

El segundo hijo de los Ortiz estaba desconcertado, la mirada de su padre estaba perdida, y en su rostro comenzaba a dibujarse una sonrisa con dejos de ansiedad. Frente a él, en toda su hermosura, estaba parada su esposa Sara, mirándolo fijamente y diciéndole con una sonrisa que era momento de cumplir su eterna promesa de amor.

-          Tu madre está aquí Alfonso, al pie de la cama. Ha venido por mí tal como lo prometió. Por eso sé que me has mentido, pero eso ya no importa porque finalmente estaré con ella.

Manuel extendió la mano hacia aquella figura que Alfonso no podía ver, pero no necesitó prueba alguna para constatar la veracidad de lo que su papá acababa de decir. Lo invadió un sentimiento de tristeza y paz a la vez, y su corazón se estremeció cuando la orilla de la cama se mullía como si alguien se sentase sobre ella y su padre estiraba el brazo para después pronunciar sus últimas palabras:

-          Ayúdame viejita, tengo miedo y no puedo solo.

Aquella escena quedaría marcada para siempre en la mente y el corazón de Alfonso, quien lejos de sobresaltarse se sintió profundamente conmovido. Cerró los ojos para vislumbrar con la imaginación a sus padres alejándose hacia el infinito tomados de la mano, librados por completo de todo dolor, de toda pena, de toda promesa.

jueves, 12 de julio de 2012

De todos modos "John" te llamas.

Cada nación de este inmenso planeta tiene su forma de matar pulgas, y uno de los reflejos más significativos de su cultura es el lenguaje. Me he dado a la tarea de hacer una pequeña recopilación de nombres adaptados al Español, algunos de ellos de personajes históricos y otros tantos ficticios. Empecemos:  

NOMBRE ORIGINAL: Louis Pasteur (francés)
NOMBRE EN ESPAÑOL: Luis Pasteur  

Estamos hablando de un científico galo, por lo que la pronunciación correcta sería algo así como "Lúi". Si quieren díganle Luis, pero escríbanlo como debe ser.  

NOMBRE ORIGINAL: Cristoforo Colombo (¿italiano?)
NOMBRE EN ESPAÑOL: Cristóbal Colón  

Aunque el lugar de nacimiento del famoso navegante sigue siendo motivo de discusión, una de las teorías más fuertes señala que era de origen Italiano (de Génova, para ser precisos). Yo crecí repitiendo el nombre en Español en mil y un tareas de historia, pero el nombre en Italiano, además de que es fácil de pronunciar en Español, no suena mal, ¿o sí?  

NOMBRE ORIGINAL: Oliver Twist (Inglés)
NOMBRE EN ESPAÑOL: Oliverio Twist
NOMBRE ORIGINAL: Sigismund Schlomo Freud (Austriaco)
NOMBRE EN ESPAÑOL: Segismundo Freud  

Decidí poner estos dos ejemplos juntos porque representan una de las más grandes atrocidades en lo que a traducción se refiere. Primero tenemos a un personaje creado por Carlos Dickens (digo, para ilustrar mejor el punto), y cuyo nombre en Español suena más como apodo. Por otro lado, el padre del psicoanálisis también fue víctima de la castellanización criminal. Todos sabemos que el apellido se pronuncia "fróid", ¿porqué no respetar el nombre de pila?  

Existen otros casos en los que no necesariamente se traduce, sino que se adapta con la intención de que el nombre suene mejor en el idioma de destino. Aquí algunos ejemplos:
 
NOMBRE ORIGINAL: Kermit the frog
NOMBRE EN ESPAÑOL: La Rana René  

Así es, no podía dejar pasar uno de mis traumas de la infancia. Era extremadamente común que al conocer a alguien y le dijera mi nombre, se hiciera alusión a este Muppet. Se trata de una adaptación entendible y pegajosa, debo reconocerlo. La aliteración "Rana René" es fácil de decir y recordar, sobre todo en una época en que muchos personajes famosos en los dibujos animados tenían la misma fórmula en sus nombres: Peter Parker, Bruce Banner, Pedro Picapiedra (Fred Flintstone), etc.   

He aquí un par de datos curiosos:

La Rana René en España es conocida como "La Rana Gustavo".
La palabra "muppet" traducida al Español puede convertirse en insultos como "burro", "imbécil" o "idiota", aunque en el contexto del programa se refiere a "muñeco" o "muñeco de guiñol".  

NOMBRES ORIGINALES: Bruce Wayne, Dick Grayson
NOMBRES EN ESPAÑOL: Bruno Díaz, Ricardo Tapia  

¿Quién no disfrutó viendo la serie de Batman (El Hombre Murciélago) producida en los sesenta? Era (y es, gracias a la magia de la repetición) todo un deleite: desde el teléfono rojo, los textos onomatopéyicos al darse una pelea, los batitubos, los nudos siameses humanos y Julie Newmar como gatúbela... en fin, el punto es que entiendo lo de "Bruno", y el apellido suena bien, elegante. Pero a Robin sí lo pasaron a perjudicar de a feo, su nombre suena como de personaje de los Picapiedra (algo así como un primo de Pablo Mármol - Barney Rubble).  

Siguiendo con la influencia extranjera que aderezó tantas infancias, ¿se acuerdan de Plaza Sésamo (Sesame Street)? Evidentemente es un programa que ha sufrido numerosas transformaciones desde su origen en Estados Unidos a finales de los sesenta, pero sus personajes (incluyendo a los Muppets) y contenido educativo marcaron y siguen marcando a generaciones enteras. En cuanto a los nombres, quizá el más recordado sea el de "Big Bird", que en México ha tenido varias denominaciones: Serapio Montoya, Montoya, Abelardo y Abelardo Montoya. Aquí sí se dieron vuelo los traductores, pero los Españoles fueron todavía más allá y lo bautizaron como "La Gallina Caponata".  

Otros personajes memorables cuyos nombres fueron ingeniosamente adaptados al Español fueron:  

Bert y Ernie = Beto y Enrique
Count von Count = El Conde Contar
Cookie Monster = Monstruo comegalletas
Grover = Archibaldo  

Me resulta curioso pensar si lo mismo sucede con celebridades Mexicanas en otros países, como Estados Unidos ¿Será que al Chavo del Ocho lo llaman "The Boy of the Eight"? Y ya ni hablar del resto de personajes del repertorio de Roberto Gómez Bolaños, porque el excesivo uso del dígrafo "ch" tal vez causaría un corto circuito, pero resulta interesante analizar si estamos hablando de un fenómeno que funciona bidireccionalmente o no. Tal vez a nuestro nuevo presidente deberán llamarlo "Henry Rock Grandson", y a su esposa "The Seagull". Volviendo a la idea de la traducción excesiva, su ex-presidente George Bush aquí sería "Jorge Arbusto".

René Molina.

martes, 3 de julio de 2012

Pobre de mi México.

Y no, no es precisamente por el resultado de las elecciones presidenciales. No, es más bien por la actitud que la mayoría tenemos ante las mismas. Hasta hace algunos años la política para mí era lo menos importante. No digo que ahora se haya vuelto mi pasión, pero me he dado a la tarea de analizar la situación que México vive a ese respecto y que precisamente en estos días ha alcanzado su clímax. El día de ayer (1 de Julio de 2012) vi algo diferente en las calles, me di cuenta de que mucha gente en verdad se preocupó por ir a votar, se olvidaron del "por quien votes va a ser lo mismo", "¿para qué voto si siempre gana el mismo?" y ese tipo de ideas que lo único que hacen es sabotear el verdadero cambio que muchos mexicanos buscamos. Es cierto que hubieron irregularidades, tal vez no en los números, pero sí en las vías que se utilizaron para llegar a ellos. He escuchado y visto casos de gente a la que le ofrecieron dinero por su voto, o gente a la que le pidieron su credencial de elector, quema de boletas, robo de urnas, en fin, lo que siempre sucede. Obviamente la decisión de ser partícipe en dichas prácticas la toma cada persona involucrada, pero también hay que pensar que los que organizan dichas situaciones saben muy bien por dónde y a quién llegarle, juegan con la necesidad de la gente que en muchas ocasiones no tiene ni para comer y por lo mismo acepta lo que le den. Es una realidad que existe desde hace mucho tiempo, y los que están en el poder se siguen aprovechando de ella porque les sigue funcionando. Entonces, ¿de quién es la culpa? Aunque todavía no es oficial, los números apuntan hacia una victoria inminente del candidato del PRI. Me levanto hoy (2 de Julio de 2012) ante un México con sabor agrio, con rostros de inconformidad, de miedo, de incertidumbre. No puedo ver el semblante de los verdaderos dueños de estas tierras, de los campesinos, agricultores y diversos grupos indígenas que viven en extrema pobreza, pero imagino que su tristeza es aún más profunda. La verdad yo sí llegué a pensar que por fin vendría un cambio, ese cambio que se viene mencionando desde el año 2000 y que en mi opinión no se ha dado. Creo que no se puede juzgar algo sin antes haberlo visto en acción. Durante las campañas de los candidatos escuché mucha gente decir que AMLO era comunista y que sería como el Hugo Chávez mexicano, que dejaría endeudado al país y demás, pero la verdad es que eso nadie lo sabe, nadie tiene los fundamentos para ganar credibilidad ante tales afirmaciones. Es cierto que el PRD ha gobernado y está gobernando varios estados del país, pero estamos hablando de otros niveles de gobierno en los que existe autonomía y la visión de la gente es, evidentemente, más particular (como lo que sucede en el DF, en donde la izquierda ha salido victoriosa desde hace varios años). En cambio, ya hemos tenido los mentados setenta años del PRI y doce más del PAN, en los que el desempleo y la pobreza han aumentado, dicen que combaten al narco pero todos sabemos que sigue siendo una de las fuerzas que controlan al país y que además le inyecta cantidades inmensas de dinero, cada día este mismo gremio cobra varias vidas, hay ejecuciones, ajustes de cuentas, represión, corrupción, etc. Con ese antecedente, ¿cómo podemos confiar en que el PRI hará un cambio en el país, o acaso tenemos que comportarnos como la novia boba que perdona al novio después de que este le puso el cuerno con media colonia? ¿tenemos que olvidarnos de los incontables atropellos, ataques, matanzas, burlas, engaños y cantidades industriales de atole con el dedo que los gobiernos nos han dado? Es algo que en verdad me inquieta, y me llena de una profunda decepción. Es cierto que a un país lo hace su gente, y nosotros como Mexicanos tenemos mucho que hacer. La participación que se registró el día de ayer (a pesar de la lluvia y el mal tiempo) fue sobresaliente en mi opinión. El movimiento "Yo soy 132", más allá de apoyar o no a AMLO, creó cierta conciencia en los jóvenes (bueno, más jovenes que yo) y muchos de ellos asistieron puntualmente a sus respectivas casillas. Pero la solución no sólo está en ir a votar, sino en hacerlo con convicción. No se trata de votar por un candidato porque está guapo, porque es mujer o porque a mi abuelita le dan una tarjeta con dinero cada mes o porque me gusta la combi en la que anda. Se trata de votar pensando en que, según nuestra visión, esa es la mejor opción para mí y para México. Y he aquí otro punto interesante: muchas veces la razón detrás del voto se reduce a una dimensión totalmente individual o familiar (a mí me conviene que gane X porque mi primo trabaja en ese partido, o a mi me conviene que gane Y porque es el jefe de mi tía), lo cual es totalmente válido y respetable, pero quizá en términos de lo que México necesita, no sea lo mejor. Los seres humanos somos muy poco objetivos, y juzgamos las cosas con una perspectiva influenciada en casi todos los casos, no podemos tomar una decisión honesta porque nuestras creencias, vínculos afectivos, miedos, etc. no nos lo permiten. Y tal vez ese también sea uno de los grandes problemas que enfrenta nuestra patria. Ese pensamiento tan común de "mientras a mi no me afecte, no pasa nada", es uno de los clavos más gruesos del ataúd en el que poco a poco se han sepultado las esperanzas de la gente que pide a gritos que hagamos algo. Siempre he sostenido que más allá de quien sea el presidente, nosotros los ciudadanos tenemos que ponernos las pilas y actuar a la altura de las circunstancias. Hacemos muchas cosas indebidas (muchas de ellas tan habituales que incluso se han enlistado en una ley no escrita que todos seguimos), somos corruptos en mayor o menor medida, mentimos, nos estacionamos en lugares prohibidos, tiramos basura en la calle, no leemos, somos apáticos y conformistas. Por mucho que tengamos un presidente honesto y con ganas de cambiar al país, si el pueblo no despierta y sale por fin de ese eterno letargo, nunca pasará nada. Sé que el mundo no es color de rosa y que tampoco se trata de que vivamos en una utopía, pero lo que quiero es que haya igualdad, que la gente no sea discriminada por sus orígenes, sus creencias, su lengua; que tenga una vida digna, un empleo bien remunerado, calidad de vida. etc. Eso no es una utopía, esas son necesidades básicas de cualquier persona. Muchos de nosotros, citadinos al fin, vemos muy ajenos estos problemas porque los sufre gente con la que nunca tenemos contacto, pero eso no quiere decir que sus situaciones no sean preocupantes o que todas esas familias no necesiten ayuda. Considero que deberíamos cambiar esa mentalidad individualista, aunque tampoco estoy pensando en que todos nos convirtamos en Robin Hood, pero desde nuestra trinchera hay varias cosas que podemos hacer en beneficio de todos. El país está dividido, y así nunca va a caminar hacia adelante. En mi vida he votado tres veces para elegir Presidente (2000, 2006 y 2012), y en las tres ocasiones he votado por la opción que considero es la mejor para el país, por la propuesta que parece ser la que hará la repartición de riqueza más justa y traerá más igualdad entre nuestra gente (aunque eso no depende enteramente del gobierno). Yo no le pongo colores ni rostro a mi voto, yo voto por México y en esas tres ocasiones mi elección ha sido la misma, esa que para bien o para mal traería un cambio, y que llevaría al país a su reivindicación o a su penosa muerte. Al más puro estilo de Julio César (no el pugilista sino el general romano), el gobierno y los medios de comunicación supuestamente imparciales y éticos se han encargado de dividir y hasta ahora han vencido. Caemos en el juego muy fácilmente: señalamos y casi casi hacemos nuestro enemigo a quien tiene preferencia por otro candidato o partido, hay disputas, riñas, ofensas e incluso enfrentamientos armados; amistades y hasta matrimonios se han disuelto por este fenómeno. Hagámonos la pregunta: ¿estoy contento porque ganó la persona por la que voté o porque ese triunfo va a ser algo positivo para mi país? Estamos hablando de cosas distintas. Por ejemplo, yo le voy al Atlante, y actualmente es muy común que pierda, pero cuando lo hace, me da gusto que también pierdan otros equipos que no mencionaré para no herir susceptibilidades. A lo que voy es que tal vez haya gente que lo vea de este modo: mi candidato o candidata no ganó, pero lo bueno fue que no ganó X. A mi entender, esto no debe ser así, yo creo que la función del voto no es que cuando acabe la contienda uno tenga la oportunidad de restregarles el triunfo en la cara a los opositores, más bien se trata de pensar qué saldrá de ese triunfo que, lamento decirlo, se siente más individual que colectivo. Ya he dicho que para mí la mejor opción es la izquierda (no necesariamente AMLO), y lo digo porque el ambiente que hoy se siente en México no es uno de "ganó el del PRI", sino de "perdió el del PRD", y ambas ideas están causando regocijo en mucha gente. Una vez más nos tenemos que preguntar quienes son los perjudicados y quienes los beneficiados. Honestamente lo digo, mi vida y la de mi familia no iba a cambiar aunque ganara Andrés Manuel o cualquiera de los otros tres, pero el país tal vez sí hubiera cambiado. Al que ganó ya lo conocemos, pero lo peor no es que él haya ganado o no, lo peor es que el país sigue partido en dos, atacándonos los unos a los otros en lugar de buscar las formas de salvarlo. La solución no está en un partido o en una sola persona, no está sólamente en votar y a ver que pasa. No, así México nunca va a cambiar. Vayamos más allá de las elecciones, más allá de si ganó tal o cual o de si hubo fraude o no. Vayamos pensando en qué es lo que más nos conviene, no recurramos a la violencia ni a la corrupción para conseguir nuestros objetivos, démonos cuenta de que cualquier país puede levantarse si su gente así lo quiere. México es de nosotros, no sólo del que ganó. ¿Cuánta gente cuando vota piensa en lo que es mejor para el país en su conjunto? ¿Cuánta gente no tiene otra opción más que votar por quien le digan por necesidad, por miedo o por que se siente amenazada? ¡Qué triste que las cosas sean así! No se trata de decir que los que votaron por el que ganó estén mal, pero ¿de verdad lo habrán hecho porque consideraban que era la mejor opción? Que pena que estemos tan ciegos y no podamos sobrepasar nuestras estúpidas diferencias, que pena que nos interese más vanagloriarnos en la victoria de una sola persona. A ver si seguimos festejando cuando la gente pobre se haga todavía más pobre, cuando México sea una sucursal más de Estados Unidos (si no es que ya lo es) y cuando perdamos toda nuestra identidad como país, a ver si en ese momento despertamos y nos damos cuenta de que pudimos hacer algo y nunca quisimos, porque nos concentramos en que ganara el "nuestro", el "bueno", y nunca pensamos en que el chiste era que ganáramos todos.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Este 15 de Septiembre...

Vivan los Mexicanos que sí trabajan.
Vivan los que a pesar de los pesares mantienen un semblante amable y en ocasiones hasta se mofan de la adversidad.
Vivan los que en lugar de pasarse el día grillando y quejándose del mal gobierno y de la falsa sociedad, se esfuerzan por ser mejores, buscan y aprovechan oportunidades y tienen iniciativa y voluntad.
Vivan los que de verdad educan a sus hijos y se preocupan por ayudarlos a ser ciudadanos conscientes y responsables.
Vivan aquellos que al pasear a su perro levantan sus desechos y los depositan en el lugar adecuado.
Vivan los que respetan los semáforos y ceden el paso a los peatones. Así mismo, vivan los peatones que respetan los semáforos y usan los puentes peatonales (aunque sean tal vez más peligrosos que cruzar por abajo)
Vivan los policías que no muerden (todavía soy de los optimistas que creen que sí existen)
Vivan los choferes de microbús/metrobús que son amables y atentos con los pasajeros (otro de mis destellos de optimismo)
Vivan los comerciantes/vendedores que al ver que por error alguien les paga de más, tienen la decencia de decirlo y de devolver el dinero. También vivan los clientes que devuelven el dinero cuando la situación sucede a la inversa.
Vivan los que no pegan chicles debajo de sillas, bancas y demás muebles u otras superficies, y que los tiran a la basura y no los escupen en la calle. (Sólo está permitido pegarlos en el árbol de los chicles de Coyoacán)
Vivan los que leen literatura y se interesan en aprender de ella, no sólo los nuevos chistes de Ninel Conde o los chismes de las mal llamadas "celebridades".
Vivan los que dicen lo que realmente piensan y lo defienden a capa y espada.
Vivan también los que saben escuchar.
Vivan los hombres que ceden su asiento a las damas, y vivan todos aquellos que ceden el suyo a ancianos y mujeres embarazadas.
Vivan los que no usan el claxon todo el tiempo, especialmente después de un nanosegundo de que la luz del semáforo ha cambiado a verde.
Vivan los que no tranzan y que aún viviendo en condiciones de pobreza son honestos y se ganan la vida dignamente.
Vivan los que no discriminan.
Vivan los que no escupen en la calle y no tiran basura por la ventana de su coche/casa/transporte público.
Vivan los que no improvisan tiraderos de basura en cualquier esquina.
Vivan los que se preocupan por llegar a tiempo a sus compromisos, y que lo hacen.
Vivan los que siempre se tapan la boca al toser y/o estornudar.
Vivan los que cuando beben no manejan y viceversa.
Vivan los que nunca hablan por teléfono sin manos libres cuando manejan.
Vivan los que siempre usan el cinturón de seguridad y le piden hacer lo propio al copiloto y demás ocupantes (especialmente si son menores).
Vivan los que cuando organizan una fiesta en un parque público o algún lugar similar se toman el tiempo para dejar todo limpio.
Vivan los que no se roban cosas de los hoteles cuando viajan.
Vivan los que no se roban cosas de la oficina y así van armando su pequeña papelería casera.
Vivan aquellos que aunque la política, el gobierno y la democracia les importen un cacahuate, se toman la molestia de ir a votar o a anular su voto cada vez que hay elecciones.
Vivan aquellos hombres que no maltratan a las mujeres ni física ni verbalmente, o viceversa (se han dado casos).
Vivan los que consumen y promueven productos hechos en México, y que no los descalifican sin conocerlos y de manera automática sólo por ser Mexicanos.
Vivan los que se informan y se forman un criterio antes de expresar sus opiniones.
Vivan los que le son fieles y leales a sus parejas, aunque dicha práctica parezca obsoleta en estos días.
Vivan los que apoyan buenas causas.
Vivan los que no se estacionan en lugares para discapacitados, entrada o rampas.
Vivan los que le jalan al escusado cada vez que lo usan (es cierto que hay que ahorrar agua, pero es anti-higiénico no jalarle)
Vivan los hombres que levantan tanto la tapa como el asiento del escusado al orinar, y que después los regresan a su posición original.

En general, vivan aquellos que todavía creen que México puede ser un país mejor, y que además ponen su granito de arena haciendo o no haciendo lo arriba mencionado. Este es el México que sí es digno de festejar, más allá de los goles del Chicharito o del Campeonato Sub-17.

Yo sí tengo la idea de que si todos jalamos parejo, podemos mejorar las cosas, y no con discursos proselitistas baratos y promesas de campaña política, sino con trabajo real.

¡Viva México!

jueves, 4 de agosto de 2011

Después de cinco años, te recuerdo...

Te recuerdo como el primer amigo que la vida me dio, como uno de los pilares en los que siempre me apoyé, como el hombre al que mi hermano y yo le cambiamos la vida al nacer, según sus propias palabras.


Te recuerdo como la mano que enjugaba mis lágrimas, y que temblorosa me cortaba las uñas temiendo lastimar mi piel. Recuerdo también las cosquillas de tu barba rasposa y afilada que me provocaba tantas carcajadas.


Recuerdo que eras un héroe con súper poderes que podía solucionar cualquier problema de inmediato, que yo no tenía que preocuparme de otra cosa sino buscar tu aprobación para todo. Recuerdo que muchas de las cosas que hice durante mi infancia y adolescencia las hice pensando en hacerte sentir orgulloso junto con mi madre.




Te recuerdo bailando, olvidándote del mundo y llevando a quien fuese tu pareja de acá para allá y de allá para acá. Recuerdo tu canto triste y profundo, con melodías de Chavela Vargas, Martín Urieta o cualquiera que se acomodara a la ocasión. Entonabas cada nota con una melancolía tal que me hacía pensar que añorabas tus años mozos en Empalme, cuando los tiempos eran menos difíciles. Pensaba también que tal vez imaginabas como hubiera sido tu vida de haber tomado decisiones distintas, de no existir mi hermano y el que ahora con un sentimiento agridulce te escribe.


Te recuerdo duro y exigente, pero a la vez débil y sensible, entregando tu corazón a todo el mundo sin pensar. Eso siempre fue admirable para mí, esa naturalidad con la que tratabas y te ganabas a la gente era simplemente extraordinaria. Lo recuerdo y lo vi el día que nos despedimos de ti, y no pude evitar esbozar una sonrisa cuando vi que tanta gente acudía a darte el último adiós aquel día de hace ya cinco años.

Te recuerdo como el hombre que volvió a ser niño, que vio renacer esas manías y caprichos propios de la edad temprana. Comprobé contigo que la vida es un círculo perfecto, y por momentos sentí que ahora sería yo quien tendría que cuidar de ti, sobre todo durante los últimos meses en los que pudimos disfrutarte.

Te recuerdo como los consejos precisos para cada ocasión. No siempre los seguí, debo decirlo, pero los llevo muy presentes y de vez en vez hago uso de ellos obteniendo casi siempre buenos resultados. Recuerdo mi primer día de escuela preparatoria en el que fuiste a dejarme y me dijiste que en ese lugar pasaría momentos que nunca olvidaría, y que haría amistades que me durarían toda la vida… ¡Cuánta razón tenías!

Te recuerdo y agradezco que hayas acudido a mí antes de partir. Tal vez hayan sido figuraciones mías, pero de algún modo supe que ya estabas en camino antes de que el teléfono sonara, antes de que mi vida cambiara para siempre en aquella mañana fría y lluviosa de agosto, tal y como la que ahora me hace recordarte.

Eres, fuiste y serás un ejemplo para mí, con valores y virtudes así como con imperfecciones y vicios, porque fuiste un ser humano maravilloso del que llevo mucho dentro, y al que sin duda acudiré cuando mis horas se tornen grises y me sienta como el último habitante del planeta.

Te recuerdo y te quiero mucho, Papá…

lunes, 12 de julio de 2010

Se nos fue Sudáfrica 2010



Creo que lo más decente al iniciar esta nueva entrada sería disculparme, ya que las predicciones que hice para este mundial no fueron del todo acertadas. Sin embargo, hay que decir que en Sudáfrica 2010 se hizo historia de muchas formas, he aquí algunas pruebas de ello:


1. Es la primera vez que el anfitrión no pasa a la siguiente ronda (lo cual me hace quedar terriblemente mal, considerando lo que vaticiné en la entrada que escribí antes de iniciado el torneo).


2. Es la primera vez que España gana el mundial, además de que también por primera ocasión un equipo europeo gana el mundial fuera de Europa.


3. Es la primera vez que el campeón y el subcampeón no pasan a la siguiente ronda (léase Italia y Francia, aunque con el campeón ya había sucedido en Corea-Japón 2002, en donde Francia se quedó en el camino y además perdió el partido inaugural con Senegal)


4. Es la primera vez que un jugador Mexicano (el Cuau por supuesto) anota gol en tres mundiales distintos. Dicho sea de paso, si Márquez juega en Brasil 2014 podría empatar este récord.


5. Es la primera vez (que yo recuerde) que los jugadores, especialmente los porteros, se quejan tanto del balón.


6. Y ya para finalizar, es la quinta vez consecutiva en la que México se queda en Octavos de final... ¿cuántas más vendrán?




Deberíamos hacer quiniela, pero no para el próximo mundial, sino tratando de adivinar cuantos entrenadores distintos tendrá el Tricolor de aquí al 2014, o cuántos jugadores "sorpresa" serán incluidos en el 11 inicial de un partido importante... tal vez sería interesante. ¡Nos vemos en Brasil!

lunes, 7 de diciembre de 2009

De verdad espero estar equivocado...


Desafortunadamente en el pasado sorteo del mundial de Sudáfrica 2010, a México le tocó con el anfitrión, lo cual fue lo peor que le pudo haber pasado. Es de todos sabido que los anfitriones SIEMPRE pasan a la siguiente ronda, así que estamos en problemas. No quiero pecar de pesimista, pero el que nuestra selección pase significaría que Francia y Uruguay tendrían que quedarse en el camino. He aquí un poco de historia que sustenta mi triste teoría:

Uruguay 1930: Uruguay campeón
Italia 1934: Italia campeón
Francia 1938: Francia llegó a cuartos de final (y fue eliminado por Italia que después sería el campeón)
Brasil 1950: Brasil llegó a la final y la perdió con Uruguay (el famoso "Maracanazo")
Suiza 1954: Suiza llegó a cuartos de final y fue eliminado por Austria
Suecia 1958: Suecia llegó a la final y la perdió con Brasil (primera vez que un equipo ganó el mundial fuera de su continente)
Chile 1962: Chile llegó a semifinales, perdiendo con Brasil que después sería el campeón
Inglaterra 1966: Inglaterra campeón (we are the champions)
México 1970: México llegó a cuartos de final y perdió con Italia
Alemania 1974: Alemania campeón
Argentina 1978: Argentina campeón
España 1982: España llegó a la segunda ronda (cuartos de final por grupos)
México 1986: México llegó a cuartos de final y perdió con Alemania
Italia 1990: Italia llegó a semifinales y perdió con Argentina
Estados Unidos 1994: Estados Unidos pasó a octavos, perdiendo con Brasil
Francia 1998: Francia campeón
Corea-Japón 2002: Corea llegó a semifinales, perdiendo con Alemania (mmm... coincidencia?) y Japón llegó a octavos de final, perdiendo con Turquía
Alemania 2006: Alemania llegó a semifinales y perdió con Italia, quienes después fueron campeones.
Sudáfrica 2010: No lo sé, pero estoy seguro de que Sudáfrica estará en octavos de final... otra vez, espero equivocarme.