martes, 20 de octubre de 2015

Volver al presente...

Hace ya 30 años que la trilogía basada en los viajes en el tiempo vio la luz por primera vez. Dirigida por Robert Zemeckis, Volver al Futuro dejó una marca en toda la generación ochentera que fantaseaba acerca de cómo sería el mundo con la llegada del nuevo milenio.
Dichas fantasías provenían, en su mayoría, de lo que en aquella época podía verse en los diferentes medios de entretenimiento (sobra decir que la Internet aún no existía... bueno, ya lo dije de todos modos), como la televisión y el cine. Todos nos emocionábamos con naves espaciales, pistolas láser, teletransportación y toda clase de artefactos con una tecnología que sólo podía existir en aquellos mundos.
Las aventuras de Marty McFly y del Doc Brown vinieron a darnos una perspectiva muy interesante de las implicaciones del llamado "Efecto mariposa". Con tres guiones magníficamente escritos y detalles perfectamente bien cuidados, Bob Gale y el mismo Zemeckis dieron vida a una historia que, a la fecha, nos pone a pensar en aquellas cosas de nuestro pasado que quisiéramos cambiar, para después viajar al futuro en nuestro DeLorean y ver los resultados.
Especialmente quisiera poner bajo los reflectores la segunda parte, ya que precisamente hoy, 21 de octubre de 2015, es el día al que viajan los protagonistas desde 1985, encontrándose con una Hill Valley totalmente inmersa en la automatización, imágenes en 3D y cafeterías ochenteras atendidas por versiones virtuales de Michael Jackson, entre otros.


Es más, mucha gente se ha dado a la tarea de averiguar qué tan acertadas son las predicciones que la cinta hizo en su momento, es decir, en 1989. Aquí algunas de ellas:

- La presencia de cámaras de todo tipo en todos lados.
- Más influencia asiática en los Estados Unidos.
- Pantallas planas montadas en las paredes.
- La posibilidad de ver varios canales de televisión a la vez.
- Sistemas de chat en video.
- Uso creciente de cirugías plásticas.
- Pantallas de visualización montadas en la cabeza.

Por otro lado, pueden verse muchas otras cosas que siguen sin existir (nótese que no las descarto), como la famosa "Tabla flotante" (Hover Board), que fue el objeto de una campaña reciente en donde varios famosos (incluyendo a Christopher Lloyd) hicieron una demostración en la que podía verse uno de estos objetos en funcionamiento. Lastimosamente, después se confirmó que era sólo una broma.

Los coches voladores también son una constante en el filme, y al respecto el mismo Bob Gale comentó en el documental "Tales from the future: Time Flies": "Sabíamos que no íbamos a tener coches voladores para el año 2015, pero, ¡Dios!, teníamos que tenerlos en nuestra película".

Otros objetos que muchos desearíamos tener son los tenis que se abrochan solos, la ropa con sistema de secado automático y el hidratador de comida, por mencionar sólo algunos.

Tal vez la más famosa de las predicciones que esta extraordinaria secuela nos presentó está relacionada con el beisbol: los Cachorros de Chicago ganan la Serie Mundial del año 2015, lo cual está en vías de hacerse realidad. Esta especie de chiste no fue incluido como un detalle aleatorio, sino debido a la larga racha sin ser campeones (desde 1908) o de llegar siquiera a la Serie Mundial (desde 1945) del equipo oriundo de la ciudad de los vientos.

Finalmente, aquí algunos datos curiosos:

- Claudia Wells, quien interpretara el papel de Jennifer Parker en la primera parte, no pudo seguir en la segunda debido a que su mamá se enfermó gravemente. La reemplazó Elisabeth Shue, con lo que la escena en la que Marty abre la cochera y descubre su flamante camioneta tuvo que ser filmada de nuevo.

- Crispin Glover (George McFly) no pudo llegar a un acuerdo con los productores, por lo que también fue reemplazado en la secuela por Jeffrey Weissman, con quien tuvieron que hacerse varios trucos visuales (como ponerlo de cabeza, por ejemplo) con la intención de que no se notara mucho la ausencia de Glover. Esto derivó en una demanda por el uso no autorizado de su imagen, la cual ganó.

- Poco antes de que fuera estrenada la segunda parte, ya se tenía suficiente pietaje de la tercera como para armar un tráiler, así que éste se incluyó al final para asegurarles a los fans que vendría una tercera entrega.

- La segunda parte recaudó más de 131 millones de dólares a nivel mundial, y fue la tercera película más taquillera de 1989 (por debajo de "Indiana Jones and The Last Crusade" de Steven Spielberg y "Batman", de Tim Burton).

- Originalmente no se tenía la intención de hacer una secuela. Zemeckis dijo que la haría sólo si Michael J. Fox y Christopher Lloyd aceptaban estar en ella... y así fue.

- Al empezar a escribir el guión de la segunda parte, Gale y Zemeckis se arrepintieron de haber puesto a Jennifer en el DeLorean al final de la primera, ya que tenían que hacer una historia que la incluyera.

- Gale escribió la mayor parte del guión, ya que Zemeckis estaba haciendo "Who framed Roger Rabbit".


Dicen que no hay plazo que no se cumpla, y hoy lo estamos comprobando. A treinta años del estreno de la primera parte, a veintiséis de la segunda y a veinticinco de la tercera, podemos decir que la trilogía de "Volver al Futuro" ha envejecido dignamente y siempre es grato volver a disfrutarla tanto en idioma original como en su versión doblada al español, razón por la cual hoy "volveré al presente" en una función nocturna especial.

Gracias por leer y que Dios te bendiga.

René Molina.


Nota: La mayoría de los datos y las imágenes fueron tomados de Wikipedia.

jueves, 8 de octubre de 2015

Del arte perdido de escribir a mano

El tomar un lápiz o una pluma para escribir una carta, mensaje, memorándum o cualquier clase de comunicación escrita es una práctica que ha entrado en gran desuso. En estos días nuestras mejores armas son nuestro dedo índice, ya sea sobre la pantalla táctil de algún dispositivo o haciendo clic sobre los botones de un mouse, o todos nuestros dígitos martillando sobre un teclado; el caso es que aquella vieja costumbre de escribir con la mano hasta que ésta se entumiera se está perdiendo en muchos ámbitos de la vida.
 
Tal vez la escuela esté todavía a salvo, ya que los estudiantes aún toman apuntes "a la antigua", aunque es cierto también que el uso de laptops o tablets es cada vez más común. Entramos por tales motivos en un debate similar al de los medios impresos contra los digitales (llámense libros, periódicos y/o revistas), en donde cada cual, según su preferencia, defenderá o condenará tal o cual plataforma. Sin embargo, debemos reconocer que ambas tienen sus virtudes.
 
Concentrémonos en la escritura a mano y, concretamente, en la escritura de cartas. No sé si hoy en día los jóvenes (es decir, más jóvenes que yo) aún acostumbren sentarse frente a una hoja arrancada de su cuaderno Scribe de cuadro chico para plasmar unas líneas dedicadas a esa persona que les gusta del salón, haciendo un gran esfuerzo por usar su mejor letra e intentando hacer perfectos y simétricos dobleces en la hoja una vez que la misiva ha sido terminada. Se trata de todo un protocolo, sobre todo si eres (o eras) de aquellos que gustaban de hacer alarde de sus habilidades para el origami en la presentación de sus cartas. Recuerdo que me tocó ver varias que ni ganas me daban de abrir con tal de no descomponer su intrincada estructura. Mención aparte merecen aquellas que no estaban escritas de forma convencional, es decir, de izquierda a derecha y de arriba a abajo; las había en espirales, siguiendo el contorno de la hoja y hasta con tintes caligráficos; otras incluso contenían pistas para el lector, las cuales se debían seguir al dedillo para poder entender el mensaje completo.
 
Ignoro igualmente qué tantas personas de cualquier edad siguen carteándose, en un acto aferrado por conservar esa cosquilla que provoca romper el sobre, sacar el contenido y desdoblarlo para darle lectura; ojo, no estoy hablando de correspondencia bancaria, la cual en muchas ocasiones ni siquiera nos molestamos en abrir. No, me refiero a esa carta del amigo que se fue a vivir a otro país, de esa prima que hace mucho no vemos, de esa persona que dejó algo de sí en el trozo de papel que sostenemos con emoción y nos precipitamos a abrir. Precisamente las instituciones bancarias y de servicios han mantenido vivo el correo postal, entendiéndose que ahora es muchísimo más fácil, rápido y barato hacer contacto con la gente de maneras menos rudimentarias; más la verdad es que a veces se extraña ese momento en el que uno tenía que ensalivar el timbre, pegarlo e introducir el sobre en un buzón. ¡Los buzones! Ésos también son artefactos que parecen pertenecer a una cultura antigua en la que no existían ni Uber ni Netflix o cosa parecida.
 
El hecho es que, aún con los avances tecnológicos y la penosa omisión de las reglas ortográficas justificada por el hecho de que "nada más es un mensaje, no es un documento importante", la actividad manuscrita lleva consigo múltiples satisfacciones y el impacto que causa en el destinatario tiene un encanto que difícilmente puede transmitirse a través de Whatsapp o un mensaje privado de Facebook. No dejemos que todo el material escrito que produzcamos se limite a medios electrónicos (como el que ahora estoy usando, porque uno también tiene que adaptarse a los cambios) y se pierda en el olvido como está ocurriendo con el correo postal; no sea que, en unos cuantos cientos o miles de años, la gente que estudie nuestra civilización se encuentre la carta que Juan le escribió a Yatziri en segundo de secundaria, ésa en la que le confesaba que era la chica más hermosa que jamás hubiera visto y le pedía que fuera su novia, y que firmó con un corazón atravesado por una flecha y con las iniciales "Y y J" en su interior, y lo vean como algo arcaico y misterioso que nada tenga que ver con las formas de comunicación de la época.
 
Gracias por leer y que Dios te bendiga.
 
René Molina.

lunes, 27 de julio de 2015

¿Alguna vez te has preguntado para qué es ese pequeño orificio que tienen las plumas BIC?

Se trata de instrumentos de la vida cotidiana y han estado con nosotros por generaciones, sirviendo distintos propósitos que en ocasiones nada tienen que ver con escribir: regresar una cinta, lanzar papelitos humedecidos con saliva (la famosa cerbatana escolar), sujetar el cabello, etc. Incluso te puedo contar que un profesor que alguna vez tuve nos dijo a mí y a mis poco experimentados coetáneos que, retirándole los tapones anterior y posterior, la carcasa de plástico se podía utilizar para practicar una traqueotomía. Evidentemente nunca nos animamos a comprobar esta teoría, pero tampoco la descartamos.

En fin, el famoso orificio que debíamos cubrir con el dedo para que nuestro proyectil saliera disparado con mayor fuerza no está ahí por casualidad, sino con la intención de equilibrar la presión dentro de la pluma. Seguramente te ha pasado que la tinta se chorrea y queda dentro de la carcasa (en el mejor de los casos); esto ocurre generalmente porque el famoso orificio está obstruido, ya sea por un trozo de cinta adhesiva en el que se lee "René Molina, 3ero B" o por cualquier otro material. Es probable también que la tinta sí salga de la carcasa, causando un batidillo bestial y, en cualquier caso, dejando "el boli" casi siempre inutilizable.

El hecho es que estos aparentemente simples artefactos se diseñaron tomando en cuenta muchos factores, incluso algunos que parecieran no muy convencionales. Por ejemplo, ¿has notado que los tapones también tienen un orificio en su extremo con menor diámetro? (Sí, está bien, busca una pluma y compruébalo, seguro tienes alguna a la mano). Tengo entendido que la incorporación del mismo es más o menos reciente, pero el hecho es que funciona como un paso de aire en caso de que, remotamente, alguien se trague el tapón por estarlo mordiendo o jugando con él. No soy partidario de tales prácticas, pero al menos en el caso de estos tapones en particular, se nos garantiza que no tienen consecuencias letales. Sin embargo, puede darse el caso de que el mordisqueo alcance un grado tal que el "orificio salvavidas" simplemente ya no funcione como se tiene pensado.

Gracias por leer y que Dios te bendiga.

René Molina.

miércoles, 8 de julio de 2015

8 años...

El relato que estás a punto de leer involucra valentía, esperanza y, sobre todo, amor. Se trata del momento en el que dos vidas cambiaron para siempre, en el que dos caminos se volvieron uno solo que ahora se dibuja interminable en el horizonte del tiempo.

Todo comenzó a cocinarse con una cita tiernamente manipulada, con preguntas inesperadas y desconcertantes y momentos de titubeo e incertidumbre. ¿En dónde desembocó este río de sensaciones? Ni más ni menos que en el encuentro de dos pares de labios... tal cual lo lees.

Él, en su calidad de hombre atrevido e intrépido, no pudo más y sucumbió ante los encantos de la bella damisela que amablemente se había ofrecido a llevarlo a su casa en su automóvil. La besó con cierto temor pero un corazón desbordado, y sus ojos, después del beso, permanecieron expectantes sin saber si lo que venía era una bofetada, una frase de desaprobación o algo por el estilo que lo obligara a descender del vehículo de forma inmediata o, en su defecto, un gesto que le diera licencia para permanecer en él y cosechar los frutos de su repentino atrevimiento.

Ella esbozó una de las más bellas sonrisas que él hubiera visto jamás, y aquello encendió la luz verde que nuestro héroe, ansioso y gallardo, esperaba con sumo interés. A partir de entonces, los encuentros de sus bocas se sucedieron a raudales y sus almas se conectaron con la inocencia y la cordialidad que la edad adulta, dentro de sus vicios y suspicacias, aún conserva en el corazón de cada persona.

Como en toda historia, han existido giros argumentales y momentos espinosos, pero nada ha podido contra el pacto de amor que nuestros protagonistas celebraron durante aquella tarde dominical y lluviosa de julio. Pocas cosas producen más orgullo y admiración que un amor que, cual buen vino, ha sido conservado en la mejor de las barricas: el abrigo de Dios. Él ha sido y siempre será la razón por la cual estos dos seres han podido construir, aprender, caminar y mantenerse juntos.

Hoy, a ocho años de los sucesos anteriormente referidos, ratifico mi amor y total compromiso para esa persona que, a pesar de lo que soy, me ha aceptado y amado durante todo este tiempo. Sea éste, pues, un regalo con dedicatoria especial a la mayor bendición de mi vida: mi esposa.

René Molina.

miércoles, 29 de abril de 2015

Alcancías de cerdito

¿Alguna vez te has preguntado por qué la mayoría de las alcancías son un cerdito?

La explicación no es muy elaborada ni tiene un antecedente histórico significativo, sino que sólo se reduce a la idea de que los cerdos son animales que, en su crianza, representan mucho más beneficios que costos. Es decir, tú puedes tener uno y alimentarlo hasta engordarlo y después lo puedes vender o puedes convertirlo en embutidos para tu consumo o también para comercializarlos, etc. Es una gran inversión.

Cuando rompes tu alcancía de cochinito y tomas lo acumulado para gastarlo, estás llevando a cabo el mismo proceso: aprovechando los recursos con los que "engordaste" a tu alcancía.




Caso aparte es la razón por la que en inglés a estos artículos se les llama "piggy banks". Pudiera concluirse de forma casi automática que "piggy" hace alusión a "pig", y estaríamos en lo cierto, pero no sin antes considerar que "pig" no sólo significa "cerdo" en español, sino que también se refiere al material que se usa para elaborar artículos de alfarería (barro). La gente de aquellas regiones anglosajonas acostumbraba guardar dinero en frascos o contenedores hechos de "pig" (barro), por lo que con el paso del tiempo comenzaron a llamarlos "pig jars" (frascos de barro) y posteriormente "pig banks" (bancos de barro).

Actualmente, al usar tal denominación, evidentemente pensamos más en el animal que en el material, pero siempre es importante saber que existe una diferencia.

Gracias por leer y QDLB.

viernes, 24 de abril de 2015

¿Por qué ser cristiano?


Primero tendríamos que definir qué es ser cristiano. En pocas palabras, se reduce a obediencia (Proverbios 3:1-2) y respeto a nuestro Dios (Mateo 21:37), siguiéndolo y haciendo lo que nos pide que hagamos aunque en ocasiones no lo entendamos o no sea precisamente lo que nosotros, envueltos en nuestra humanidad, queremos hacer (Mateo 26:42).
 
Ojo, no estamos hablando de llevar una vida llena de prohibiciones y restricciones, sino de completa libertad (Salmos 119:45) de permitir que el Señor nos transforme y en la que dejemos atrás todas aquellas cosas que nos hacen daño y que se alejan de lo que nuestro Padre quiere para nosotros.
 
La pregunta que da título a este texto puede responderse fácilmente si se hace alusión a la promesa de vida plena y eterna que el Señor nos hace a través de su Palabra (Juan 10:10). Sin embargo, podemos ir más allá y echar un vistazo a todas aquellas vidas que alguna vez estuvieron hundidas en el pecado y la perdición y que ahora en Jesús se han convertido en poderoso testimonio de salvación. Me llama la atención que hay personas que toman sólo algunos pasajes de la Biblia y los utilizan como fundamento para no creer, pero si lo que está ahí escrito no es cierto (según lo que ellos creen), ¿por qué se ofenden tanto con lo que leen? Mi hermano Ramón Lobo, en una conferencia que impartió para los matrimonios de la congregación, mencionó que si los textos bíblicos han de tomarse literalmente, debe hacerse con un criterio uniforme y no sólo considerando lo que “nos conviene”.
 
Es cierto que la Biblia narra algunas situaciones que, al menos yo, no termino de entender completamente y que además me parecen cruentas y violentas, pero eso no quiere decir que voy a dejar de creer o que mi fe se va a ver quebrantada por un pasaje que me impactó negativamente o que simplemente no entendí. ¿Sabes por qué? Porque cuando alguien acepta a Cristo en su corazón no lo hace sólo porque se sentó a leer toda la Biblia y después dijo: “bueno, está bien, voy a creer”. No, el estudio de la palabra es una parte muy importante de nuestro desarrollo y aprendizaje constante como cristianos (2 Timoteo 3:16-17), pero no es lo único que el Señor nos ofrece. Están también la comunidad, la oración, el testimonio, el amor cristiano, la amistad, la entrega, la forma en que todos trabajamos juntos para Él, etc.
 
Personalmente, la lectura de la Biblia ha sido una parte muy importante de la decisión que tomé de ser discípulo de Jesús, pero tuvo, tiene y tendrá siempre mucho más peso el buen testimonio que he recibido por parte de mi familia y amistades cristianas (Salmos 19:7). El conocimiento bíblico es sólo el principio de la tarea que todos los que seguimos a Jesús tenemos en la tierra. Sin duda es la herramienta más poderosa que tenemos para llegar al corazón de los inconversos y presentarles al Señor en toda su gracia y misericordia, pero debe complementarse siempre con nuestras acciones y voluntad para cumplir nuestro deber. De ahí la idea de que no se trata sólo de memorizar textos y sacarlos cuando la ocasión lo amerite, sino de realmente entender lo que estamos diciendo y darle la importancia que merece. Todo esto desde luego no significa que no haya pecado en las vidas cristianas o que se hayan vuelto perfectas, pero sin duda los que hemos dejado que Dios entre en nuestros corazones hemos experimentado una transformación que recomiendo ampliamente. El Pastor Gilberto Gutiérrez, líder de la congregación a la que pertenezco, mencionó hace poco que hay quien dice que somos cristianos por conveniencia… nada más cerca de la verdad. Y es que, ¿cómo no te va a convenir, si Dios te ofrece perdón, salvación y la eliminación de tus pecados, vida eterna y plena sólo a cambio de que creas en Él?
 
De modo que si en algún momento te has preguntado por qué eres cristiano o por qué alguien que conoces lo es, piensa que simplemente se trata de una oportunidad que no se puede dejar pasar. Dios no te pone como condición que leas la Biblia para ser salvo ni te obliga a hacer o no hacer nada, Él sólo quiere que creas en Él, y no porque eso le traiga algún beneficio, sino porque te ama tanto que quiere lo mejor para ti. Tan es así que envió a su hijo a morir en la cruz para salvarte (Juan 3:16). Piénsalo, y no te encierres en un versículo, más bien trata de empaparte más de las promesas del Señor y, entonces sí, toma una decisión más informada.
 
Que Dios te bendiga, siempre.
 
René Molina.

jueves, 5 de febrero de 2015

A Mazatlán...

Entre paredes húmedas y frías a medio pintar veo pasar corriendo a un niño regordete que a hurtadillas se cuela en la cocina a robarse algún bocadillo, y del mismo modo regresa a su habitación para sumergirse de nuevo en su mundo de inocencia. 

Percibo el calor de esas mañanas en las que el sol entraba por la ventana de la cocina, en las que no podía evitar sonreír al despertar de nuevo en ese hogar de cinco, ese hogar de ayer.

Veo las ruinas de mis recuerdos y, si me esfuerzo, aún escucho los ecos de risas, gritos y lamentos impregnados en los muros salitrosos y las puertas de madera carcomida. Se trata de una casa muy enferma, agonizante, sucumbiendo finalmente ante la desolación y la tristeza.

Sin embargo, escucho el rebote de una pelota roja en el patio, mientras me distrae el viejo radio de la cocina que emite el mejor episodio de “La Tremenda Corte”. Y la veo allí, comiendo y calentando tortillas, a la vez que a mordidas termina con un chile verde, acto que por alguna razón siempre me inspiró mucho respeto.

Veo a un adolescente corriendo de punta a punta de la casa festejando un gol, y a otro tratando de hacer coincidir las piezas de su vida, pero siempre feliz, despreocupado y concentrado en las cosas que lo satisfacen. Siempre admiré y admiro esa cualidad.

Me siento a la mesa y veo a una mujer forrando mis libros para el nuevo año escolar, escribiendo mis datos y dándome algún consejo, demandándome que cuide cada cosa y amenazándome con no comprar de nuevo algo que se pierda.

Volteo hacia la entrada y la tenue luz me dice que ya ha atardecido, por lo que ya no tarda en llegar. Finalmente aparece y me trae algún regalo acompañado de una sonrisa. Inmediatamente se pone la pijama y me pregunta cómo me fue mientras cocina algo rápido para el antojo de media tarde.

Me siento en un sillón polvoriento de la sala, muy de mañana, cuando de pronto entran corriendo dos niños a revisar los regalos de navidad que Santa les dejó. Miro fijamente al menor y me resulta imposible no derramar una lágrima al ver su rostro de sorpresa y fascinación sin haber abierto nada siquiera.

Entro a una recámara y me encuentro a un pequeño jugando un videojuego a escondidas y pendiente de que él despierte y lo venga a regañar. 

Me llega un olor a sopes con frijoles y queso que irremediablemente me lleva de nuevo a la cocina, en donde lo encuentro amasando y entonando alguna canción triste. Me preparo un gran plato de arroz con mayonesa y recibo una reprimenda, pero lo disfruto de principio a fin.

En la otra recámara me encuentro con dos manos temblorosas tejiendo con gran destreza, su rostro me regala una sonrisa y menciona algo respecto al programa que se transmite en la televisión. Su voz es fuerte pero amorosa, vibrante pero tierna.

Veo pasteles de cumpleaños y escucho mañanitas y palabras de agradecimiento en el comedor. Huelo la carne con Coca-Cola que duraba tan sólo unos segundos en la cazuela después de servirse. Veo a viejos amigos llegando con un regalo y un abrazo.

Veo muros pintarrajeados como testimonio de dos infancias desfasadas, escondites y juguetes maltratados listos para contar alguna historia, para compartir algún momento de adolescencia infantil.

Es muy curioso cómo es que uno se hace amigo de las cosas, cómo les planta una identidad cuasi humana y cómo esas cosas van convirtiéndose en líneas del relato que cada quien va escribiendo. No afanarse por lo material es una idea muy acertada, pero ¿qué pasa cuando lo material, al menos ante nuestros ojos, ya no lo es tanto?

Veo grandes partidas de baraja y dominó acompañadas de bebidas y alimentos, anécdotas, chistes y comentarios burlones que marcaron sin duda muchas noches vividas en aquel comedor y en esa mesa multifuncional en la que también se jugaba ping-pong.

Abro las cortinas de la sala y veo un camellón con afiladas piedras y plantas casi marchitas que anhelan la llegada de las lluvias (o de algún perro), y al llegar éstas, veo gente corriendo y a uno que otro osado que se para justo en mi puerta para resguardarse. Veo niños jugando futbol, fotos grupales, promesas, risas.

El olor a moho me atrae desde un clóset. Abro la puerta y no sé por dónde empezar entre tantos dejos de vida que en ese aroma viejo aún se siente palpitar. Fotos amarillentas como ventanas me dejan ver esos años lejanos en los que no existí, en los que alguien decidió rescatar instantes para que éstos pudieran posarse en los ojos de los viajeros venideros.

Pienso en sueños, en planes que nunca fueron, remordimientos que poco a poco fueron alimentándose del paso del tiempo, me impresiona cómo es que una casa vacía puede sentirse tan llena, tan rozagante de momentos, de ideas, de secretos.

Se pone el sol sobre un paisaje que en sus mejores días mostró maravillas inolvidables, y que ahora, seco y áspero, deja ver las huellas de aquellas pinceladas de sabiduría, temor, ilusión y concordia que fueron su estandarte.

Ese adiós que desde hace tanto tiempo ha coqueteado conmigo y revoloteado en mi cabeza por fin está materializándose. Me dispongo a arrancar la humedad de mi ropa, despojarme de las plantas que desobedientes crecen en los recovecos de los patios. Dejo atrás ese largo pasillo que tantas veces recorrí y libero en un suspiro las alegrías y lamentos de la vida que aquí viví. 

Mi hogar ahora es otro, y es de gran bendición, por lo que es hora de borrar este pizarrón y dejar el gis en el borde, listo para que otras manos lo tomen y tracen una nueva historia. Gracias Dios por este lugar, por todo lo que me permitiste vivir y aprender en estos rincones, por unirme con mi familia debajo de este techo en el que siempre existirán destellos de lo que fui. Gracias, muchas gracias.
  
Aquí estuve siendo uno y siendo otro es que me voy,
y sé bien que debo andar por el camino hallado hoy,
con nostalgia y nuevos bríos firmes mis pasos doy,
a encontrarme con ese otro que a partir de ahora soy.



René Molina.